Enseñanza oriental.
Hay una frase: el loto solamente florece en el barro.
A nadie se le escapa que es después de haber pasado penurias cuando se disfruta al máximo de una recompensa, que alguien que no haya probado bocado en una semana gozará más de un trozo de pan que Nerón de un banquete en su Casa Dorada.
Lo que sí se nos escapa muchas veces es que el hecho de pasar penurias no implica una recompensa final. Son hechos independientes que, cuando se juntan, dan lugar a una experiencia enriquecedora como ninguna, pero no tienen por qué ir unidos.
No... pero aun así, el pasarlo mal tiene sus compensaciones. Posiblemente tienes la atención de los que te rodean; si no te caes te haces más resistente y, quien sabe, a lo mejor más sabio. Decía Nietzsche que aquello que no te mata te hace más fuerte. Una tempestad hace más recia a la tripulación de un barco; si sobrevive para ver salir de nuevo el sol.
Gracias al factor recompensa, sea en forma de golosina al final del camino o sea de la algo más madura manera que es ver el sufrimiento como algo global que también tiene algo positivo, el caso es que hay muchas personas en este mundo que nos hemos especializado en pasarlo mal. Que llevamos pasándolo mal mucho tiempo, a pesar de tener vidas estupendas (por lo menos yo), y dejamos que cada instante se diluya en un mar de recuerdos de los que solamente quedará... nada. Porque habrá un momento en el que nos habremos ido para siempre.
No voy a entrar a analizar esta vena masoquista personal que arrastro. Pero si alguien siente curiosidad por averiguar la razón que me hace tan cercano al Zen, la tiene en esta entrada.
A nadie se le escapa que es después de haber pasado penurias cuando se disfruta al máximo de una recompensa, que alguien que no haya probado bocado en una semana gozará más de un trozo de pan que Nerón de un banquete en su Casa Dorada.
Lo que sí se nos escapa muchas veces es que el hecho de pasar penurias no implica una recompensa final. Son hechos independientes que, cuando se juntan, dan lugar a una experiencia enriquecedora como ninguna, pero no tienen por qué ir unidos.
No... pero aun así, el pasarlo mal tiene sus compensaciones. Posiblemente tienes la atención de los que te rodean; si no te caes te haces más resistente y, quien sabe, a lo mejor más sabio. Decía Nietzsche que aquello que no te mata te hace más fuerte. Una tempestad hace más recia a la tripulación de un barco; si sobrevive para ver salir de nuevo el sol.
Gracias al factor recompensa, sea en forma de golosina al final del camino o sea de la algo más madura manera que es ver el sufrimiento como algo global que también tiene algo positivo, el caso es que hay muchas personas en este mundo que nos hemos especializado en pasarlo mal. Que llevamos pasándolo mal mucho tiempo, a pesar de tener vidas estupendas (por lo menos yo), y dejamos que cada instante se diluya en un mar de recuerdos de los que solamente quedará... nada. Porque habrá un momento en el que nos habremos ido para siempre.
No voy a entrar a analizar esta vena masoquista personal que arrastro. Pero si alguien siente curiosidad por averiguar la razón que me hace tan cercano al Zen, la tiene en esta entrada.
Lo único que sé es que mi barco avanza por el mar buscando tempestades, sin más objetivo ni rumbo que pasarlas. ¿La razón? No tengo otra que no sea mi barco.
4 comentarios:
Me ha gustado.
Pues sí, lo bueno de las malas rachas es que sales de ellas aprendiendo algo y con una gran sensación de alivio, que ayuda a disfrutar de todo lo que antes nos parecía insignificante.
Ya sabes, no hay parte buena sin su parte mala y todo eso...
Imperator: gracias compadre.
Cass: Tienes razón: y todo eso XD. Gracias por escribir. Un beso.
Nuevamente muy de acuerdo, marinero. Si las "cosas malas" tuvieran que estar unidas a una "recompensa final" en este mundo, obviamente esto no sería cierto para muchos, que mueren sin dicha "recompensa".
El dolor ocurre. Y punto. Y no es más "significativo" que el placer. Pero ambos pueden ser dotados de significación, pueden tener un sentido, o bien porque el propio hombre se lo da en su búsqueda de sentido, o bien porque Dios se lo ha dado en el principio de los tiempos.
En cualquier caso, no entenderemos todos los detalles de la película hasta que la acabemos, claro; las películas que se entienden completamente en la mitad son las malas ;)
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